Por Javier
Villanueva[1]
Desde
la década de 1980 y acentuándose fuertemente en los noventa, hasta llegar con
vigor a nuestros días, fue avanzando en el mundo académico de las ciencias
económicas una corriente teórica que, aspirando a reemplazar a la llamada “era
neoclásica”, fue generando múltiples aportes en varios países e instituciones
relacionados con los temas económicos (especialmente en Estados Unidos y
Europa). Así, fue también tomando cuerpo el apoyo de revistas creadas para
difundir las ideas de la llamada “teoría de la complejidad económica”.
Esta
corriente teórica, inspirada inicialmente por los avances realizados, sobre el
tema de la complejidad, por las ciencias naturales, biológicas y químicas, con
el siempre mencionado apoyo de la computación, dio fuerte impulso a las
reflexiones y avances realizados en el área económica. En muchos casos, se
suele también hacer referencia a las contribuciones iníciales que realizaron
autores tales como el Premio Nobel, Herbert A. Simon.
Definir,
en detalle, las argumentaciones sostenidas con referencia a la “complejidad
económica” resulta difícil debido a la existencia de múltiples propuestas que
sobre el tema se fueron realizando. Sin embargo, en lo que se refiere a los
puntos de arranque del referido análisis, existen algunas características
básicas que son compartidas por la mayoría de los autores dedicados a
reflexionar sobre el tema. En los párrafos que siguen nos referiremos a los
puntos de partida de las ideas que nos ocupan.
La
forma básica de aproximarse a la “complejidad económica” es recordar que la clave
inicial del sistema mencionado es que está relacionado con el examen de la intrincada interrelación (“conexión”) que
sostienen los “agentes económicos” entre sí, aunque por otra parte se
diferencian unos de otros (“distinción”). Todo ello, dentro de la “distinción”
y del “contexto existente” en el sistema. En suma: Distinción: Se refiere a la
variedad y heterogeneidad de los “agentes”. Es decir, las diferentes partes del
sistema se comportan y hacen sus estrategias propias. Los temas
relacionados con la teoría
de
la “complejidad económica” han ido despertando, hasta el presente la atención
de variados y numerosos autores.
para
alcanzar sus objetivos. En los límites, el desorden que puede generar la “distinción”
puede llevar a la desarmonía y aún al “caos”.
Conexión:
Se refiere a que las diferentes partes se comportan en forma variada pero no
son totalmente independientes. El conocimiento alcanzado en algunas partes
puede influir en las características de los demás. En el límite, se dice que la
“conexión” puede conducir al orden.
En
síntesis, la “economía compleja” no es un sistema determinístico predecible, sino
que es algo dependiente de un proceso siempre en evolución dinámica (nolineal) y
lejos del equilibrio. En esta situación, algunos autores ponen énfasis en señalar
los problemas de la posible racionalidad que pudieran desarrollar los individuos
al calcularse las perspectivas futuras (“no-rational expectations”).
Desde
los años ochenta, el Sta. Fe Institute, de New Mexico, USA, fue poniendo énfasis
en sostener un caso especial de lo que mencionáramos previamente, al que
designarían con el nombre de Sistemas Complejos. Adaptativos (SCA).
Algunos
autores han insistido en señalar que esta versión ha sido más ampliamente
apoyada en las organizaciones académicas de los Estados Unidos que en las de
los países europeos. Los SCA son sistemas dinámicos cuyos agentes diversos
activamente tratan de mejorar y son capaces de aprender y de adaptarse a las
tendencias favorables del cambiante contexto (interno y externo).
En
las secciones previas nos hemos referido sintéticamente a los temas claves de
la “complejidad económica”. Además de los temas cubiertos existen numerosos
aportes que hacen referencia a situaciones especiales de interés. Por ejemplo
R. Geyer[2] examina, desde el punto de
vista de la “complejidad” los problemas que pudieran producirse en la
integración Europea.
Otros
autores hacen referencia a los problemas de la “complejidad” en el globalismo.
Refiriéndose a los problemas de la “complejidad” en la gestión empresarial,
R.D. Stacey[3] en
la llamada “Matriz de Stacey” propone la realización de un gráfico que examina
las relaciones posibles entre el grado de
certeza
en las decisiones empresariales (eje horizontal del gráfico) y el nivel de acuerdos
que se lograra establecer en el grupo (eje vertical). Todo ello en un contexto
de “complejidad”.
Como
se ve, los temas relacionados con la teoría de la complejidad económica” han
ido despertando, hasta el presente la atención de variados y numerosos autores.
Informes
de Economía e Instituciones - Año V - Número 3 – Julio 2012 de la Pontificia
Universidad Católica Argentina
[1] Doctor
en Economía, Profesor de Doctorado de Metodología de la Investigación UCA e
Investigador en UTDT y en la Escuela de Economía “Francisco Valsecchi” – UCA.
Liverpool
Complexity”

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