Nicholas Georgescu-Roegen, quien al nacer recibió el nombre de Nicolae Georgescu (Constanţa, Rumania, 4 de febrero de 1906 – Nashville, Tennessee, 30 de octubre de 1994), fue un matemático rumano, estadístico y economista, mejor conocido por su obra de 1970/1971 La ley de la entropía y el proceso económico (The Entropy Law and the Economic Process, en el original en inglés), en el cual se establecía la visión de que la segunda ley de la termodinámica gobierna los procesos económicos, es decir, que la "energía libre" utilizable tiende a dispersarse o a perderse en forma de "energía restringida". Su libro se considera la obra fundacional en el campo de la termoeconomía. Fue el primer economista que habló de termodinámica y entropía.
viernes, 26 de julio de 2013
Nicholas Georgescu-Roegen, precursor de la complejidad en economía
Nicholas Georgescu-Roegen, quien al nacer recibió el nombre de Nicolae Georgescu (Constanţa, Rumania, 4 de febrero de 1906 – Nashville, Tennessee, 30 de octubre de 1994), fue un matemático rumano, estadístico y economista, mejor conocido por su obra de 1970/1971 La ley de la entropía y el proceso económico (The Entropy Law and the Economic Process, en el original en inglés), en el cual se establecía la visión de que la segunda ley de la termodinámica gobierna los procesos económicos, es decir, que la "energía libre" utilizable tiende a dispersarse o a perderse en forma de "energía restringida". Su libro se considera la obra fundacional en el campo de la termoeconomía. Fue el primer economista que habló de termodinámica y entropía.
viernes, 19 de julio de 2013
Lectura esencial para comprender las falencias del enfoque económico
- Krugman, Paul R., (aut.)
- Martín Berdagué, Mònica, (tr.)
- Antoni Bosch Editor, S.A.
- 1. ed.(03/1997)
- 176 páginas; 22x16 cm
- Idiomas: Español
- ISBN: 8485855817 ISBN-13: 9788485855810
- Encuadernación: Rústica
- Colección: Textos universitarios
domingo, 5 de mayo de 2013
La Economía computacional se práctica en la Universidad de Chicago.
INITIATIVE FOR COMPUTATIONAL ECONOMICS
July 18–29, 2011 There will not be a 2913 Session.
The Becker Friedman Institute for Research in Economics cosponsored the 2011 Initiative for Computational Economics (ICE) summer program.For promising scholars and graduate students in economics, computer science, and applied mathematics, ICE offers hands-on opportunities to explore state-of-the-art computational methods for use in the solution and empirical estimation of economic models.
During the two-week program, leading experts in microeconomics, macroeconomics, model building, estimating and testing, statistical methods, algorithm development, numerical analysis, and other fields provide tutorials on computational topics. Participants learn to use advanced software, and choose a problem or question to solve with their new skills and tools in group projects. About 45 participants attend the sessions held at the University of Chicago Booth School of Business.
Learn more about ICE here or visit the web site at http://ice.uchicago.edu.
Sponsors
- Becker Friedman Institute for Research in Economics
The University of Chicago - Computational Institute at the University of Chicago
Program Description
Modern economic theory is producing increasingly realistic and sophisticated models. However, computational challenges have limited their application to empirical analysis and policy evaluation. Instead, economists use ad hoc methods with poorly understood properties that produce approximate solutions of unknown quality. The Initiative for Computational Economics aims to raise the level of computational sophistication in economics by creating an interface between economists and computer scientists. Leading computer scientists and numerical analysts join with leading economists to analyze the computational challenges presented by broad classes of economic models that economists want to apply to data and policy analysis. The institute's goal is using state-of-the-art numerical methods and computer technology to develop new techniques that address the unique problems posed by modern economic models and their econometric estimation. A standing committee of experts from the University of Chicago and Argonne National Laboratory has assembled leading scholars, promising young scholars and graduate students in economics, computational sciences and applied mathematics to promote the exchange and development of computational research tools as well as fostering a world-wide community in an emerging area of science.
The 2012 Initiative for Computational Economics will bring together a diverse group of academic participants: experts in policy, microeconomics, macroeconomics, model building, estimating and testing, statistical methods, computation, algorithm development, applied mathematics, and numerical analysis for two weeks, July 16-27, 2012. Summer activities will begin with formal morning tutorials on computational topics together with afternoon sessions that will familiarize participants with modern software tools. In the first week, participants will begin work on group computational projects that they will present in the second week. The second week will also include seminar presentations by leading economists featuring recent advances in quantitative economic policy research. Throughout the Institute, there will be numerous opportunities for less formal interactions with lecturers and fellow participants, including a poster session where participants can present their current research. Participants will also be invited to schedule "office hours" with lecturers where they can discuss their research ideas and get feedback from these computational experts.
In general, the program targets young scholars interested in learning new analytical and computational methods and application to their own work, those interested in current findings and applicability to other research, and those with backgrounds in math and computer science who are interested in state of the art applied mathematical tools and their application to substantive policy research.
Ian Foster, Computational Institute, University of Chicago
Director of the Computation Institute,
the Arthur Holly Compton Distinguished Service Professor of Computer
Science, Chan Soon-Shiong Scholar and Associate Director of the
Mathematics and Computer Science Division at Argonne National Laboratory. PhD, Imperial College, United Kingdom.
Fellow of the American Association for the
Advancement of Science, the Association for Computing Machinery, and the
British Computer Society.Global Information Infrastructure (GII) Next
Generation award, the British Computer Society's Lovelace Medal, R&D
Magazine's Innovator of the Year.
Research Interests: Has lead development of methods and software that underpin many large national and international cyberinfrastructuresdomingo, 28 de abril de 2013
Advertencia sobre las soluciones "simplistas"...
Los peligros de la perfección
Los gurús de Silicon Valley están proponiendo aplicaciones que resuelvan todas las pegas de la humanidad. Los problemas genuinos requieren, sin embargo, respuestas complejas y no rápidos arreglos tecnológicos
EULOGIA MERLE
“Cuando tu corazón pare de latir, tú seguirás tuiteando” es el
tranquilizador eslogan que saluda a los visitantes de la página web de
LivesOn, un servicio que promete tuitear por ti incluso después de que
te mueras. Mediante el análisis de tus anteriores tuits, el servicio
aprenderá “acerca de tus aficiones, gustos, sintaxis” y añadirá un toque
personal a todos los garabatos automáticamente compuestos desde el más
allá.
LivesOn puede que resulte ser una parodia, o podría irse a pique por distintas razones, pero como idea pone de manifiesto cuál es hoy la ideología dominante en Silicon Valley: lo que puede alterarse, debe alterarse, incluida la muerte.
Barreras y restricciones —cualquier cosa que imponga límites artificiales a la condición humana— son destruidas con particular entusiasmo. Superhuman, otro misterioso lanzamiento que podría amenizar cualquier comedy show, promete ofrecer, como manifestó recientemente su cofundador, un servicio no especificado que “ayuda a que la gente sea sobrehumana”. Bien, al menos tuvieron la decencia de no llamarlo The Übermensch.
Recientes debates sobre las revoluciones de Twitter o sobre los impactos de Internet en el conocimiento han versado en su mayor parte sobre el hecho de que los gurús y futuristas “tecnófilos” de Silicon Valley han emprendido la búsqueda del desarrollo de un definitivo remiendo a las desagradables pegas de la humanidad. Si por ellos fuera, no habría flaquezas individuales que quedasen impunes, y lo ideal sería que la tecnología incluso hiciera obsoletas tales flaquezas.
Incluso el aburrimiento parece hallarse ante sus últimas boqueadas. Unos diseñadores japoneses han encontrado un modo de hacer que los viajes en tren sean un entretenimiento permanente. Con la ayuda de un iPhone, un proyector, un GPS, y el sensor de movimiento Kinekt de Microsoft, su invención permite a los viajeros añadir nuevos objetos a lo que ven en el exterior, animando así cualquier paisaje inhóspito que aparezca por las ventanas del tren. Esto podría ser un gran éxito en Corea del Norte, y no sólo en los trenes.
O, si usted tiende a olvidar las cosas, Silicon Valley quiere ofrecerle una aplicación para recordarlo todo. Si, ocasionalmente, usted prevarica, al objeto de hacer conciliar sus antagónicas obligaciones como padre, amigo o colega, otra aplicación puede reconocer las contradicciones de su conducta e informar a sus interlocutores de si usted está diciendo la verdad. Si usted experimenta desagrado porque se encuentra con gente y con cosas que no le gustan, otra aplicación o gadget podría ahorrarle ese incordio al hacerlas invisibles.
Soleada, tersa, limpia…con Silicon Valley al timón nuestra vida se convertirá en una larga autopista californiana.
El mes pasado, Randi Zuckerberg, el antiguo director de marketing de Facebook, se entusiasmaba con una aplicación de moda capaz de “colaborar abiertamente con la gente de fuera en absolutamente todas las decisiones de tu vida”. Con el nombre de Seesaw, la aplicación te permite realizar encuestas instantáneas entre tus amigos y pedirles consejo sobre cualquier cosa; qué vestido de boda comprar, qué tipo de café con leche pedir y dentro de poco, tal vez, a qué candidato político apoyar.
Seesaw ofrece un interesante giro en cuanto a lo que pensamos acerca de información y fracaso. Solía suceder que comprábamos cosas para impresionar a nuestros amigos, siendo conscientes de que a ellos pudieran no gustarles nuestras compras. Ahora esa lógica se ha invertido: si algo impresiona a nuestros amigos, lo compramos. Se han minimizado los riesgos de rechazo; sabemos con mucha anticipación cuántos “me gusta” del Facebook habrá acumulado cada una de nuestras decisiones.
Para Jean-Paul Sartre, el filósofo existencialista que celebraba la
zozobra de la decisión como distintiva de la responsabilidad, no hay
lugar en Silicon Valley. Cualquiera que sea su contribución a nuestra
madurez como seres humanos, las decisiones también implican cierto grado
de dolor y, puesto a elegir entre madurez y minimización del
sufrimiento, Silicon Valley ha optado por esto último, tal vez como
resultado de otra encuesta instantánea más.
La única excepción a la regla de la minimización del sufrimiento es cuando ese sufrimiento —o al menos esa incomodidad— debe servir para asegurar que nos comportamos de una manera honrada y consecuente.
Pongamos por caso Google Glass, las sobrevaloradas “gafas inteligentes” de esa compañía, que pueden tomar fotos de manera automática de todo lo que vemos y almacenarlo para la posteridad. Para algunos, eso puede resolver por fin el problema del olvido, una vieja ambición de muchos maniáticos, que han estado desarrollando cámaras del tamaño de sellos de correos que pueden llevarse en la solapa de la chaqueta y fotografiar, a intervalos fijos de tiempo, las cosas que nos rodean.
Esta idea de anular el olvido fue formulada por Gordon Bell, el
visionario científico de Microsoft en su muy provocador libro de 2009,
escrito conjuntamente con Jim Gemmell, Total Recall: cómo la revolución de la e-memoria lo cambiará todo.
Bell prometía que las nuevas tecnologías del registro nos proveerían “con un mejorado autoconocimiento, con la capacidad de revivir la propia vida con detalle proustiano y la libertad de memorizar menos y de poder pensar más de un modo creativo.” (Por desgracia, proustiano es un adjetivo inapropiado: en realidad el escritor estaba en contra de lo que él llamaba una “simple visión cinematográfica”, que trataba a la memoria como una mera acumulación de datos, y no como una compleja interacción de experiencias sensoriales y de narrativa).
Para Bell, esos siempre activados instrumentos de registro pueden hacernos más conscientes de nuestros fallos, de nuestras incoherencias, o de las muchas mentiras que nos decimos a nosotros mismos y a los demás.
“Las personas de éxito no evitan ser objeto de un registro sincero”, escribió. “Imagínate enfrentarte a la cantidad de tiempo que realmente dedicas a tu hija, en lugar de a tu propia versión de color de rosa. O abrir los ojos a lo verdaderamente desagradable que eras en una conversación.” ¡El Doctor Freud se encuentra con el i-Freud!
Eso suena bien en teoría, pero en el mundo en el que realmente vivimos, la búsqueda de la coherencia por parte de Bell roza lo tiránico. En su brillante ensayo Elogio de la incoherencia, publicado en 1964, el filósofo polaco Leszek Kolakowski sostenía que, dado que a menudo nos vemos enfrentados a opciones igualmente válidas en las que se impone una dura reflexión ética, ser contradictorio es el único modo de impedir convertirse en un ideólogo doctrinario, en alguien adherido a un algoritmo. Para Kolakowski, la coherencia absoluta es idéntica al fanatismo.
“La estirpe de los indecisos y los débiles… de aquellos…que creen que hay que decir la verdad, pero que en vez de decirle a un pintor de prestigio que sus cuadros son un pintarrajo le elogiarán educadamente”, escribió, “esta estirpe de los contradictorios sigue siendo una de las principales esperanzas para la supervivencia de la raza humana”. Si el objetivo de vernos enfrentados a nuestra propia incoherencia es el de hacernos más coherentes, entonces aquí hay poco que celebrar.
¡Pero las gafas inteligentes pueden hacer mucho más que eso! ¿Por qué
no suprimir las visiones desagradables que nos rondan de camino al
trabajo? El año pasado, el futurista Ayesha Khanna describió incluso
unas lentes de contacto inteligentes que podrían hacer desaparecer de
nuestra vista a las personas sin techo, “realzando nuestro sentido
básico” y, sin duda, haciendo mucho más agradables nuestras vidas. En
cierto modo, eso soluciona el problema de las personas sin techo, a no
ser, por supuesto, que dé la casualidad de que tú seas una persona sin
techo. En ese caso, Silicon Valley te proporcionará un carísimo par de
gafas que harán que en la calle te sientas como en casa. Por citar un
anuncio de televisores de Samsung: “La Realidad. Qué desilusión”.
Todos esos esfuerzos por aliviar las torturas de la existencia podrán sonarle a Silicon Valley como algo paradisíaco. Pero a los demás pueden resultarnos infernales. Están dirigidos por una ideología penetrante y peligrosa, a la que yo llamo “solucionismo”, una patología intelectual que identifica los problemas conforme a un único criterio: el de si esos problemas pueden o no resolverse mediante una buena y limpia solución tecnológica a nuestra disposición. De este modo, el olvido y la falta de coherencia se convierten en “problemas” sencillamente porque tenemos las herramientas para librarnos de ellos, y no porque hayamos sopesado todos sus pros y contras filosóficos.
Los solucionistas no se limitan a solventar los problemas de los individuos; también están dispuestos a hacerlo con los problemas de las instituciones. Nuevos negocios con conciencia cívica, como Ruck.us, que ayuda a la gente a crear, y a incorporarse, a movimientos políticos, eludiendo el sistema convencional de partidos políticos y que permite a los individuos intervenir en política sin mediación alguna de las instituciones, dando por hecho que la única razón por la que en el pasado necesitábamos la democracia representativa era la de que los costes de comunicación eran demasiado altos. Ahora que las tecnologías digitales han abaratado los costes de participación los partidos políticos pueden considerarse en vías de extinción y ser sustituidos al efecto por grupos online de ciudadanos interesados.
Es difícil defender el actual sistema político norteamericano, pero es todavía más difícil estar a favor del proyecto solucionista
por una sencilla razón: la “solución” propuesta por Internet no se nos
vende basándose en sus inherentes méritos —de los que sabemos muy poco—
sino más bien en los deméritos del sistema existente, ya sean estos el
partidismo o la corrupción. Sí, el actual sistema abunda en
imperfecciones, pero la imperfección es el precio que hay que pagar por
una democracia que funciona a medias. Después de todo, hay poco
partidismo en Corea del Norte. Aprender a reconocer las muchas
imperfecciones de nuestras instituciones y de nosotros mismos, en un
tiempo en el que los medios para repararlas son tantos y tan aparatosos,
es una de las más arduas tareas a las que nos enfrentamos hoy.
Los solucionistas se equivocan al suponer, más que investigar, los problemas a los que tienen intención de enfrentarse. Dado que existen los martillos digitales de Silicon Valley, todos los problemas empiezan a parecer clavos, y todas las soluciones empiezan a parecer aplicaciones.
Semejante predisposición hace que sea más difícil darse cuenta de que no todos los problemas lo son, y que los problemas que demuestran ser genuinos pueden requerir de prolongadas respuestas institucionales y no de rápidos arreglos tecnológicos producidos en algún hackathon o videos virales para avergonzar tardíamente a señores de la guerra ugandeses ya sometidos.
A Silicon Valley, curiosamente, le gusta exhibir su “solucionismo”.
Sus compañías de más éxito quieren aparentar ser los equivalentes
digitales de Greenpeace y Human Rights Watch, no de Wal-Mart o de Exxon
Mobil. “En el futuro”, dice Eric Schmidt, presidente ejecutivo de
Google, “la gente empleará menos tiempo intentando obtener tecnología
para trabajar…Si lo conseguimos, creo que podremos solucionar todos los
problemas del mundo”.
Mark Zuckerberg, de Facebook, está de acuerdo: “Hay un montón de cuestiones realmente importantes en el mundo que hay que resolver y, como empresa, lo que intentamos hacer es construir una infraestructura sobre la que solucionar algunos de esos problemas”. Como afirmó en su carta original a potenciales inversores: “Nosotros no nos despertamos cada mañana con el objetivo primordial de hacer dinero".
Tal humanitarismo digital se propone generar la buena voluntad de los de fuera y estimular la moral de los de dentro. Después de todo, salvar al mundo puede ser un precio que merezca la pena pagar a cambio de destruir la privacidad de todos, mientras una misión de proporciones épicas podría convencer a empleados jóvenes e idealistas de que no están desperdiciando sus vidas engañando a crédulos consumidores para que hagan clic en anuncios de productos inútiles. Silicon Valley y Wall Street están compitiendo por la misma bolsa de talento, y al atribuirse la capacidad de solucionar los problemas del mundo las empresas tecnológicas pueden ofrecer lo que Wall Street no puede: un sentido de misión social.
La ideología del solucionismo resulta así esencial para ayudar a Silicon Valley a mantener su imagen. La prensa tecnológica —junto con los meme-hustlers de las conferencias TED— está encantada con realzar cualquier iniciativa solucionista. “¿África? Hay un aplicación para eso”, se lee en un titular real (!) de la página web de la edición británica de Wired. ¿Puede alguien prestarle esa aplicación al Banco Mundial, por favor?
Llamativamente, salvar al mundo implica por lo general utilizar los propios servicios de Silicon Valley. Como dijo Zuckerberg en 2009, “El mundo será mejor si compartes más”. ¿Por qué dudar de su sinceridad esta vez?
Cuando las empresas tecnológicas se quejan de que nuestro averiado mundo necesita ser reparado, nuestro impulso inicial debiera ser preguntar: ¿Cómo saber que nuestro mundo está averiado exactamente del mismo modo en el que Silicon Valley pretende que lo está? ¿Y si los ingenieros están equivocados y la frustración, la contradicción, el olvido, tal vez incluso el partidismo, son los auténticos rasgos que nos permiten transformarnos en los complejos actores sociales que somos?
“Vean, pues, los ingenieros cómo, para ser ingeniero, no basta con ser ingeniero”, escribió José Ortega y Gasset en 1939. Dada la relevancia cultural y política de Silicon Valley —desde la educación a la industria editorial y desde la música a los transportes— ese consejo merece ser objeto de particular atención. Pregúntaselo si no a tus amigos en Seesaw.
LivesOn puede que resulte ser una parodia, o podría irse a pique por distintas razones, pero como idea pone de manifiesto cuál es hoy la ideología dominante en Silicon Valley: lo que puede alterarse, debe alterarse, incluida la muerte.
Barreras y restricciones —cualquier cosa que imponga límites artificiales a la condición humana— son destruidas con particular entusiasmo. Superhuman, otro misterioso lanzamiento que podría amenizar cualquier comedy show, promete ofrecer, como manifestó recientemente su cofundador, un servicio no especificado que “ayuda a que la gente sea sobrehumana”. Bien, al menos tuvieron la decencia de no llamarlo The Übermensch.
Recientes debates sobre las revoluciones de Twitter o sobre los impactos de Internet en el conocimiento han versado en su mayor parte sobre el hecho de que los gurús y futuristas “tecnófilos” de Silicon Valley han emprendido la búsqueda del desarrollo de un definitivo remiendo a las desagradables pegas de la humanidad. Si por ellos fuera, no habría flaquezas individuales que quedasen impunes, y lo ideal sería que la tecnología incluso hiciera obsoletas tales flaquezas.
Incluso el aburrimiento parece hallarse ante sus últimas boqueadas. Unos diseñadores japoneses han encontrado un modo de hacer que los viajes en tren sean un entretenimiento permanente. Con la ayuda de un iPhone, un proyector, un GPS, y el sensor de movimiento Kinekt de Microsoft, su invención permite a los viajeros añadir nuevos objetos a lo que ven en el exterior, animando así cualquier paisaje inhóspito que aparezca por las ventanas del tren. Esto podría ser un gran éxito en Corea del Norte, y no sólo en los trenes.
O, si usted tiende a olvidar las cosas, Silicon Valley quiere ofrecerle una aplicación para recordarlo todo. Si, ocasionalmente, usted prevarica, al objeto de hacer conciliar sus antagónicas obligaciones como padre, amigo o colega, otra aplicación puede reconocer las contradicciones de su conducta e informar a sus interlocutores de si usted está diciendo la verdad. Si usted experimenta desagrado porque se encuentra con gente y con cosas que no le gustan, otra aplicación o gadget podría ahorrarle ese incordio al hacerlas invisibles.
Soleada, tersa, limpia…con Silicon Valley al timón nuestra vida se convertirá en una larga autopista californiana.
El mes pasado, Randi Zuckerberg, el antiguo director de marketing de Facebook, se entusiasmaba con una aplicación de moda capaz de “colaborar abiertamente con la gente de fuera en absolutamente todas las decisiones de tu vida”. Con el nombre de Seesaw, la aplicación te permite realizar encuestas instantáneas entre tus amigos y pedirles consejo sobre cualquier cosa; qué vestido de boda comprar, qué tipo de café con leche pedir y dentro de poco, tal vez, a qué candidato político apoyar.
Seesaw ofrece un interesante giro en cuanto a lo que pensamos acerca de información y fracaso. Solía suceder que comprábamos cosas para impresionar a nuestros amigos, siendo conscientes de que a ellos pudieran no gustarles nuestras compras. Ahora esa lógica se ha invertido: si algo impresiona a nuestros amigos, lo compramos. Se han minimizado los riesgos de rechazo; sabemos con mucha anticipación cuántos “me gusta” del Facebook habrá acumulado cada una de nuestras decisiones.
Una aplicación permite realizar encuestas instantáneas entre tus amigos y pedirles consejo sobre cualquier cosa
La única excepción a la regla de la minimización del sufrimiento es cuando ese sufrimiento —o al menos esa incomodidad— debe servir para asegurar que nos comportamos de una manera honrada y consecuente.
Pongamos por caso Google Glass, las sobrevaloradas “gafas inteligentes” de esa compañía, que pueden tomar fotos de manera automática de todo lo que vemos y almacenarlo para la posteridad. Para algunos, eso puede resolver por fin el problema del olvido, una vieja ambición de muchos maniáticos, que han estado desarrollando cámaras del tamaño de sellos de correos que pueden llevarse en la solapa de la chaqueta y fotografiar, a intervalos fijos de tiempo, las cosas que nos rodean.
Con las “gafas inteligentes” se puede resolver por fin el problema del olvido, una ambición de muchos maniáticos
Bell prometía que las nuevas tecnologías del registro nos proveerían “con un mejorado autoconocimiento, con la capacidad de revivir la propia vida con detalle proustiano y la libertad de memorizar menos y de poder pensar más de un modo creativo.” (Por desgracia, proustiano es un adjetivo inapropiado: en realidad el escritor estaba en contra de lo que él llamaba una “simple visión cinematográfica”, que trataba a la memoria como una mera acumulación de datos, y no como una compleja interacción de experiencias sensoriales y de narrativa).
Para Bell, esos siempre activados instrumentos de registro pueden hacernos más conscientes de nuestros fallos, de nuestras incoherencias, o de las muchas mentiras que nos decimos a nosotros mismos y a los demás.
“Las personas de éxito no evitan ser objeto de un registro sincero”, escribió. “Imagínate enfrentarte a la cantidad de tiempo que realmente dedicas a tu hija, en lugar de a tu propia versión de color de rosa. O abrir los ojos a lo verdaderamente desagradable que eras en una conversación.” ¡El Doctor Freud se encuentra con el i-Freud!
Eso suena bien en teoría, pero en el mundo en el que realmente vivimos, la búsqueda de la coherencia por parte de Bell roza lo tiránico. En su brillante ensayo Elogio de la incoherencia, publicado en 1964, el filósofo polaco Leszek Kolakowski sostenía que, dado que a menudo nos vemos enfrentados a opciones igualmente válidas en las que se impone una dura reflexión ética, ser contradictorio es el único modo de impedir convertirse en un ideólogo doctrinario, en alguien adherido a un algoritmo. Para Kolakowski, la coherencia absoluta es idéntica al fanatismo.
“La estirpe de los indecisos y los débiles… de aquellos…que creen que hay que decir la verdad, pero que en vez de decirle a un pintor de prestigio que sus cuadros son un pintarrajo le elogiarán educadamente”, escribió, “esta estirpe de los contradictorios sigue siendo una de las principales esperanzas para la supervivencia de la raza humana”. Si el objetivo de vernos enfrentados a nuestra propia incoherencia es el de hacernos más coherentes, entonces aquí hay poco que celebrar.
Para el “solucionismo”, los problemas son aquellos que pueden resolverse con una arreglo tecnológico
Todos esos esfuerzos por aliviar las torturas de la existencia podrán sonarle a Silicon Valley como algo paradisíaco. Pero a los demás pueden resultarnos infernales. Están dirigidos por una ideología penetrante y peligrosa, a la que yo llamo “solucionismo”, una patología intelectual que identifica los problemas conforme a un único criterio: el de si esos problemas pueden o no resolverse mediante una buena y limpia solución tecnológica a nuestra disposición. De este modo, el olvido y la falta de coherencia se convierten en “problemas” sencillamente porque tenemos las herramientas para librarnos de ellos, y no porque hayamos sopesado todos sus pros y contras filosóficos.
Los solucionistas no se limitan a solventar los problemas de los individuos; también están dispuestos a hacerlo con los problemas de las instituciones. Nuevos negocios con conciencia cívica, como Ruck.us, que ayuda a la gente a crear, y a incorporarse, a movimientos políticos, eludiendo el sistema convencional de partidos políticos y que permite a los individuos intervenir en política sin mediación alguna de las instituciones, dando por hecho que la única razón por la que en el pasado necesitábamos la democracia representativa era la de que los costes de comunicación eran demasiado altos. Ahora que las tecnologías digitales han abaratado los costes de participación los partidos políticos pueden considerarse en vías de extinción y ser sustituidos al efecto por grupos online de ciudadanos interesados.
Las nuevas tecnologías permiten incorporarse a movimientos políticos eludiendo el sistema de partidos
Los solucionistas se equivocan al suponer, más que investigar, los problemas a los que tienen intención de enfrentarse. Dado que existen los martillos digitales de Silicon Valley, todos los problemas empiezan a parecer clavos, y todas las soluciones empiezan a parecer aplicaciones.
Semejante predisposición hace que sea más difícil darse cuenta de que no todos los problemas lo son, y que los problemas que demuestran ser genuinos pueden requerir de prolongadas respuestas institucionales y no de rápidos arreglos tecnológicos producidos en algún hackathon o videos virales para avergonzar tardíamente a señores de la guerra ugandeses ya sometidos.
Se nos vende el arreglo por los los deméritos del sistema existente, ya sean estos el partidismo o la corrupción
Mark Zuckerberg, de Facebook, está de acuerdo: “Hay un montón de cuestiones realmente importantes en el mundo que hay que resolver y, como empresa, lo que intentamos hacer es construir una infraestructura sobre la que solucionar algunos de esos problemas”. Como afirmó en su carta original a potenciales inversores: “Nosotros no nos despertamos cada mañana con el objetivo primordial de hacer dinero".
Tal humanitarismo digital se propone generar la buena voluntad de los de fuera y estimular la moral de los de dentro. Después de todo, salvar al mundo puede ser un precio que merezca la pena pagar a cambio de destruir la privacidad de todos, mientras una misión de proporciones épicas podría convencer a empleados jóvenes e idealistas de que no están desperdiciando sus vidas engañando a crédulos consumidores para que hagan clic en anuncios de productos inútiles. Silicon Valley y Wall Street están compitiendo por la misma bolsa de talento, y al atribuirse la capacidad de solucionar los problemas del mundo las empresas tecnológicas pueden ofrecer lo que Wall Street no puede: un sentido de misión social.
“¿África? Hay un aplicación para eso”, se lee en un titular real de la página web de una prestigiosa revista
Llamativamente, salvar al mundo implica por lo general utilizar los propios servicios de Silicon Valley. Como dijo Zuckerberg en 2009, “El mundo será mejor si compartes más”. ¿Por qué dudar de su sinceridad esta vez?
Cuando las empresas tecnológicas se quejan de que nuestro averiado mundo necesita ser reparado, nuestro impulso inicial debiera ser preguntar: ¿Cómo saber que nuestro mundo está averiado exactamente del mismo modo en el que Silicon Valley pretende que lo está? ¿Y si los ingenieros están equivocados y la frustración, la contradicción, el olvido, tal vez incluso el partidismo, son los auténticos rasgos que nos permiten transformarnos en los complejos actores sociales que somos?
“Vean, pues, los ingenieros cómo, para ser ingeniero, no basta con ser ingeniero”, escribió José Ortega y Gasset en 1939. Dada la relevancia cultural y política de Silicon Valley —desde la educación a la industria editorial y desde la música a los transportes— ese consejo merece ser objeto de particular atención. Pregúntaselo si no a tus amigos en Seesaw.
Evgeny Morozov es profesor visitante en la Universidad de Stanford y profesor en la New America Foundation.
Traducción de Juan Ramón Azaola.
© 2013 New York Times News Service.
Traducción de Juan Ramón Azaola.
© 2013 New York Times News Service.
lunes, 25 de febrero de 2013
El propulsor más reconocido de la complejidad moderna
Edgar Morin


Edgar Morin
Edgar Morin estudió en la Sorbona y en la Universidad de Toulouse.
Licenciado en geografía e historia y en derecho en 1942, cursó posteriormente
estudios universitarios de sociología, economía y filosofía, que se vio obligado
a interrumpir por el estallido de la II Guerra Mundial. Fue militante de la
resistencia francesa contra el movimiento nazi y, más tarde, miembro del Partido
Comunista Francés hasta 1951, año en que fue expulsado por su antiestalinismo.
Pese a que desde su abandono del PCF no militó en ningún partido, nunca dejó de
interesarse y participar en la política.
(París, 1921) Sociólogo y antropólogo francés. Estudioso de la
crisis interna del individuo, ha abordado la comprensión del «individuo
sociológico» a través de lo que él llama una «investigación multidimensional»,
es decir, utilizando los recursos de la sociología empírica y de la observación
comprehensiva. Fuertemente crítico con los mass-media, ha analizado
asimismo los fenómenos de propagación de la opinión.
Edgar Morin
Durante 1945 y 1946 fue jefe de propaganda del gobierno militar
francés en Alemania. Entre 1947 y 1950 fue redactor jefe de un periódico en
París. Dirigió además la revista Arguments (1957-62) y Communications (1972).
Investigador y miembro del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS)
desde 1950, en 1970 pasó a ser director de investigación de dicho centro. Desde
1977 dirigió el centro de estudios interdisciplinares de la Escuela Superior de
Ciencias Sociales, dependiente del CNRS.
En 1970, antes de trasladarse a California, formó parte del
llamado grupo de los diez, dirigido por el doctor Robin y que reunía a biólogos,
cibernéticos, físicos y renombrados expertos en diversas áreas. En 1987 presentó
en Estrasburgo Pensar Europa, un estudio sobre la pluralidad cultural y
social del viejo continente. En dicho acto hizo un llamamiento a los
intelectuales para que desempeñen "una misión catalizadora en una Europa cuyo
nuevo enemigo es su desunión". Edgar Morin defendió "la Europa de los pequeños
espacios culturales", afirmando que "la internacionalización y la
particularización en la cultura son procesos antagónicos y complementarios".
El que estableció la "ciencia de la complejidad": Ilya Prigogine.
Prigogine nació en Moscú, Rusia, en un hogar de origen judío. Huyó con su familia en 1921, tras la constitución de la URSS, hacia Europa Occidental, estableciéndose en Bélgica en 1929. Estudió química en la Universidad Libre de Bruselas en Bélgica, donde fue profesor de fisicoquímica y física teórica a partir de 1947.
En 1959, se convirtió en el director del Instituto Internacional de Solvay de Bruselas. Fue asimismo catedrático de química en la Universidad de Chicago y de física eingeniería química en la Universidad de Texas en los Estados Unidos, donde fundó en 1967 el Instituto de Mecánica Estadística y Termodinámica.
Autor de numerosos libros como Estudios termodinámicos de fenómenos irreversibles (1947), Tratado de termodinámica química(1950), Termodinámica de no equilibrios (1965), Estructura, disipación y vida (1967) o Estructura, estabilidad y fluctuaciones (1971). Al lado de Isabelle Stengers escribió: El Fin de las certidumbres,1 y el clásico La nueva alianza.
Especialista en termodinámica, realizó investigaciones teóricas sobre la expansión de la termodinámica clásica en el estudio de los procesos irreversibles con la teoría de lasestructuras disipativas. Utilizó la teoría del caos en sus investigaciones.
En 1977 fue galardonado por la Real Academia sueca de Ciencias con el premio Nobel de Química por una gran contribución a la acertada extensión de la teoría termodinámica a sistemas alejados del equilibrio, que sólo pueden existir en conjunción con su entorno.
Otro de sus más célebres libros, de título Tan sólo una ilusión, es una antología de diez ensayos (elaborados entre 1972 y 1982) en los que Prigogine habla con especial ahínco sobre este nuevo estado de la materia: las estructuras disipativas, asegurando que con estos novedosos conceptos se abre un “nuevo diálogo entre el hombre y la naturaleza”.
- ¿El tiempo, tiene un inicio?
- ¿Cómo se imprime el tiempo en la materia?
- ¿Cuál es el origen del Universo?
- ¿Cómo apareció el tiempo en el Universo?
- ¿El tiempo apareció con el Big Bang o antes?
- ¿Qué es la irreversibilidad?
- ¿Nos encontramos ante un Universo mecánico o ante un Universo termodinámico?
- ¿Qué están primero: las leyes reversibles de la mecánica, de la mecánica cuántica, de la relatividad o la dirección del tiempo como decía Aristóteles del antes y el después?
- ¿De donde viene esta perspectiva del antes y el después?
- ¿Hay que reconsiderar las estructuras de base de la física?
- ¿El tiempo es esencial como pensaba Bergson o es accesorio como pensaba Einstein?
- ¿Donde está el tiempo?
- ¿Cual es el tipo de sistema dinámico que puede conducir a la irreversibilidad?
- ¿Cual es la ley fundamental del Universo?
- ¿Cual es el futuro de nuestro Universo?
La novedad que aporta es que, lejos del equilibrio, la materia adquiere nuevas propiedades. Estas propiedades son completamente nuevas pero no dejan aislado al sistema como se creía hasta el momento.
Prigogine estudia los mecanismos matemáticos de formación de las estructuras disipativas, llevando a cabo experimentos numéricos en los que demuestra que, a partir de reacciones caóticas de no-equilibrio, se pueden formar cadenas de simetría rota pero con una nueva estructura ordenada. Esta ruptura de la simetría, en el espacio, ampliamente discurtida por la filosofía del espacio y el tiempo, es consecuencia de una ruptura en la simetría temporal, es decir, de una diferencia entre el pasado y el futuro.
El concepto de estructura disipativa encuadra las propiedades que caracterizan los sistemas sometidos a condiciones de no-equilibrio:
- sensibilidad
- flexibilidad
- movimientos coherentes de gran alcance
- posibilidad de estados múltiples
- historicidad de las elecciones adoptadas por los sistemas
El concepto de estructuras disipativas no sólo rompe el concepto de simetría del espacio euclídeo, sino que también rompe con la simetría del tiempo y genera un nuevo concepto de historicidad.
De sus investigaciones surge, en 1967, la teoría de las estructuras disipativas, por la que gana el Premio Nobel en 1977.
Para bajar su artículo http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/prigogine.pdf
domingo, 24 de febrero de 2013
Del neomarxismo a la complejidad
En la economía industrial, el enfoque neomarxista enfatiza el monopolio antes que la competencia como verdadera naturaleza del capitalismo. Esto se asocia a Michal Kalecki, Paul A. Baran y Paul Sweezy.1 2
Teóricos tales como Samuel Bowles,3 4 John Roemer, Herbert Gintis, Jon Elster y Adam Przeworski han adoptado las técnicas de la economía neoclásica, incluyendo la teoría de juegos y la modelización matemática, para demostrar conceptos marxistas como la explotación y los conflictos de clase.5
El enfoque neomarxista aunó economía no marxista o "burguesa" de poskeynesianos como Joan Robinson y el neoricardiano Piero Sraffa.
Economistas polacos como Michał Kalecki, Rosa Luxembourg, Henryk Grossman, Adam Przeworski y Oskar Lange también influyeron, especialmente en el desarrollo de teorías de subconsumo. Aunque muchos oficiales de los partidos comunistas acusaron a las teorías neomarxistas de ser "economía burguesa", algunos neomarxistas fueron consejeros de gobiernos socialistas o gobiernos de países en desarrollo.
Maurice Dobb a pesar de ser un economista marxista ortodoxo también se le asocia con esta corriente.
http://bowlesmicroeconomia.uniandes.edu.co/autor.php
El inicio de la complejidad moderna en la economía
Santa Fe Institute
Santa Fe Institute (denominado SFI) es un instituto estadounidense fundado en 1984 con la intención de crear una comunidad basándose en una nueva clase de ciencia (principalmente involucrado con teorías sobre complejidad). Acentuando la participación y colaboración de manera multidisciplinaria en la búsqueda de la comprensión y entendimiento de temas comunes que surgen a partir de sistemas sociales, artificiales y naturales.
Este instituto tiene como tentativa descifrar los mecanismos que se encuentran implícitos en lo profundo de esta aparente simplicidad presente en nuestro nuevo mundo. En una publicación pionera, encabezada por Kenneth Arrow, se definió a la economía como una ciencia evolutiva, iniciándose así la complejidad en los estudios de la econoomia: The Economy as an Evolving Complex System de Anderson, P. W., Arrow, K. J., Pines, D., Santa Fe Institute Studies in the Sciences of Complexity Reading, PA: Addison Wesley Longman, 1988
Arrow es el Joan Kenney profesor de economía y profesor de Investigación de Operaciones, emérito, un compañero de CHP / PCOR, y un compañero FSI alto por cortesía. Él es un ganador del Premio Nobel economista cuyo trabajo ha sido principalmente en la teoría económica y las operaciones, centrándose en áreas como la teoría de la elección social, asunción de riesgos, la economía médicas, análisis de equilibrio general, la teoría de inventarios, y la economía de la información y la innovación. Fue uno de los primeros economistas que señalan la existencia de una curva de aprendizaje, y también puso de manifiesto que, en determinadas condiciones una economía alcanza un equilibrio general.En 1972, junto con Sir John Hicks, que ganó el Premio Nobel de Economía por sus contribuciones pioneras a la teoría del equilibrio general y la teoría del bienestar.
Arrow ha servido en las facultades de economía de la Universidad de Chicago, Harvard y Stanford. Anteriormente, se desempeñó como oficial de tiempo en los EE.UU. Cuerpo Aéreo (1942-1946), e investigador asociado en la Comisión Cowles para la Investigación en Economía (1947-1949).Además del Premio Nobel, ha recibido de Juan el American Economic Association Bates Clark Medal. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias y el Instituto de Medicina. Recibió su licenciatura de City College, una maestría y un doctorado de Columbia University, y tiene alrededor de 20 doctorados honoris causa.
El padre de la geometría fractal
Benoit Mandelbrot
Nació el 20 de noviembre de 1924 en Varsovia, Polonia, dentro de una familia judía culta de origen lituano, murio en el 2010. Fue introducido al mundo de las matemáticas desde pequeño gracias a sus dos tíos. Cuando su familia emigra a Francia en 1936, su tío Szolem Mandelbrot, profesor de matemáticas en el Collège de France y sucesor deHadamard en este puesto, toma la responsabilidad de su educación. Después de realizar sus estudios en la Universidad de Lyon ingresó a la École polytechnique, a temprana edad, en 1944, bajo la dirección de Paul Lévy, quien también le influyó fuertemente. Se doctoró en matemáticas por la Universidad de París en el año 1952. Posteriormente se fue al MIT y luego al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, donde fue el último estudiante de postdoctorado a cargo de John von Neumann. Después de diversas estancias en Ginebra y París acabó trabajando en IBM Research.
En 1967 publicó en Science «¿Cuánto mide la costa de Gran Bretaña?», donde se exponen sus ideas tempranas sobre los fractales.
Fue profesor de economía en la Universidad Harvard, de ingeniería en la Yale, de fisiología en el Colegio Albert Einstein de Medicina, y de matemáticas en París y Ginebra. Desde 1958 trabajó en IBM en el Centro de Investigaciones Thomas B. Watson en Nueva York.
Fue el principal creador de la Geometría Fractal, al referirse al impacto de esta disciplina en la concepción e interpretación de los objetos que se encuentran en la naturaleza. En 1982 publicó su libro Fractal Geometry of Nature, en el que explicaba sus investigaciones en este campo. La geometría fractal se distingue por una aproximación más abstracta a la dimensión de la que caracteriza a la geometría convencional.
El profesor Mandelbrot se interesó por cuestiones que nunca antes habían preocupado a los científicos, como los patrones por los que se rigen la rugosidad o las grietas y fracturas en la naturaleza.
Mandelbrot sostuvo que los fractales, en muchos aspectos, son más naturales, y por tanto mejor comprendidos intuitivamente por el hombre, que los objetos basados en la geometría euclidiana, que han sido suavizados artificialmente.
Para ver la entrevista de Edourd Punset a Benoit Mandelbrot: http//www.eduardpunset.es/425/charlas-con/no-todo-es-liso-en-la-vidaLas nubes no son esferas, las montañas no son conos, las costas no son círculos, y las cortezas de los árboles no son lisas, ni los relámpagos viajan en una línea recta.Mandelbrot, de su libro Introduction to The Fractal Geometry of Nature
Un propulsor latinoamericano de la complejidad...
Dr. Pedro Sotolongo Codina
http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/campus/soto/sotolongo.pdf
Ph.D. en Filosofía; Ms.C. en Física. Presidente
Fundador de la Cátedra “de Complejidad” de La Habana. Organizador de los
Seminarios Bienales Internacionales COMPLEJIDAD-2002, 04, 06 y 08 de La Habana,
así como de los Talleres Bienales Cubanos de Complejidad-2003, 05 y 07.
Miembro de la Comunidad de Pensamiento Complejo
(Argentina); del Comité Académico Internacional del Instituto e Pensamiento
Complejo `E. Morin´ (IPCEM) (Perú). Editor Temático de la Revista Internacional
Edmergence: Complexity & Organization (E:CO) de E.U.–Reino
Unido. Coordinador Pro-Tempore del Capítulo COMPLEJIDAD-RD (Santo
Domingo) y de la Cátedra Extracurricular ´Edgar Morin´ en la UASD. Autor de
Libros y artículos en varios países. Ha formado a estudiosos “de la Complejidad”
en países del Caribe, Centro y Sur América. Miembro de la Asociación
Nacional de Escritores de Cuba (UNEAC). Le fué otorgada la Orden `C. J.
Finlay´, la mayor conferida a científicos cubanos por la obra de la vida.
http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/campus/soto/sotolongo.pdf
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